El país ya necesita doctores en física
La UASD abrió el primer doctorado en física de la República Dominicana. El reto ahora es que sea un programa permanente.

Tabla de contenidos
Primera de ocho entregas sobre el Doctorado en Física
El 5 de diciembre de 2025, la Universidad Autónoma de Santo Domingo inauguró el programa de Doctorado en Física, el primero en su historia y en el país (Instituto de Física, UASD, 2025a; N Digital, 2025). Este doctorado, abierto 487 años después de la fundación de la universidad, nos dice que un doctorado no surge por capricho, sino cuando las condiciones para que exista están presentes.
La Licenciatura en Física funciona desde la década de los sesenta, y la maestría en física surgió entre finales de los noventa y la primera década del milenio. Es ahora, cuando por fin están dadas las condiciones mínimas —no las ideales—, que los físicos han podido organizarse para poner a funcionar un programa tan complejo.
El Doctorado en Física tiene unas características que lo distinguen de la mayoría de los doctorados que funcionan en la actualidad:
- Es un doctorado propio de la UASD, no un doctorado consorciado: está sustentado principalmente por docentes de la UASD, con colaboraciones nacionales e internacionales.
- Fue concebido para tener cohortes pequeñas y regulares, buscando sostenibilidad en el tiempo y abriendo la puerta a que en el futuro tenga candidatos internacionales.
- Se concibió sabiendo que compite con los doctorados internacionales, porque la opción real de un estudiante es estudiar en un programa local o en uno de otro país de la región o de otro continente. La mayoría de los programas de física en el extranjero financian a sus estudiantes con becas o ayudantías1 Una ayudantía es un programa en el que el estudiante trabaja como asistente de docencia o de investigación. Ese trabajo no solo incluye una remuneración mensual, sino también el pago completo de los créditos del programa en que estudia. La ayudantía se mantiene mientras el estudiante conserve un buen estatus académico y permanezca activo en el programa., de modo que el estudiante tiene poco o nada que pagar.
- El Instituto de Física de la UASD está en un proceso de maduración de su personal investigador y de su personal auxiliar de investigación, y es ese cuerpo de investigadores con grado doctoral el que hace viable este programa como uno propio de la UASD.
A principios de los 2000, la Escuela de Física de la UASD contaba con apenas dos profesores con doctorado en Física, y solo uno de ellos —el Dr. Nikolay Sukhomlin— impartía clases en la Cátedra de Física Avanzada. Hoy casi todos los profesores tienen su doctorado en Física o en áreas afines de las ciencias. En esa cátedra, no tener doctorado es ahora la excepción, no la regla. Es un logro silencioso de la Escuela de Física que merece resaltarse, porque los estudiantes de la carrera reciben una formación muy variada de parte de un personal de excelente preparación.
Por su parte, el Instituto de Física (IFIS) también ha mostrado una mejoría sustancial, no solo en la ampliación de su personal de investigadores, sino también en la ampliación de la participación de estudiantes de grado y posgrado, hasta tal punto que ya no es raro que estudiantes publiquen en revistas indexadas antes de obtener el grado en física, hito típicamente reservado para estudiantes de doctorado.
República Dominicana: el país que ahora necesita físicos
Entre 2024 y 2026, el Estado dominicano firmó tres compromisos que, de realizarse, podrían traducirse en un avance económico para la República Dominicana:
- El primero son los semiconductores. El Decreto 324-24 declaró esta industria de alta prioridad nacional y ordenó la formulación de la Estrategia Nacional de Fomento de la Industria de Semiconductores (ENFIS), a cargo del Ministerio de Industria y Comercio (Presidencia de la República Dominicana, 2024). El país se perfila como candidato a recibir fondos del programa ITSI, creado por la CHIPS Act estadounidense (Ezell, 2024), y firmó un memorando de entendimiento con la Universidad de Purdue para impulsar su industria de microchips y microelectrónica (Purdue University, 2024). Para el lector inexperto: los semiconductores son materiales que se estudian a profundidad en la física de materiales: cómo se diseñan, cómo se caracterizan y qué tipos existen. En física, los semiconductores se definen por la energía de su bandgap —la brecha entre sus bandas electrónicas—, que debe estar alrededor de 0.7 eV. Caracterizarlos exige técnicas avanzadas de microscopía electrónica y espectroscopía de rayos X; para su fabricación y estudio se requieren facilidades de cuarto limpio, más limpias que un quirófano.
- El segundo son los minerales críticos. El 10 de septiembre de 2026, la República Dominicana y los Estados Unidos suscribieron un marco de cooperación para la extracción y el procesamiento de minerales críticos y tierras raras. Las expectativas se concentran en Pedernales, donde los depósitos de bauxita kárstica de la Reserva Fiscal Minera Ávila han sido objeto de estudios para determinar la presencia de elementos de tierras raras, además de galio y escandio (Embajada de los Estados Unidos en Santo Domingo, 2026; Ministerio de Energía y Minas, 2026a). Separar y procesar tierras raras es, en general, un asunto más de la química que de la física. Pero transformar esos materiales en dispositivos útiles para las distintas industrias —la fabricación de materiales para imanes, o el dopaje de materiales para lograr las propiedades que se aprovechan en sensores electrónicos, empleados luego en robótica y otras aplicaciones— exige conocimientos avanzados de física de materiales, espectroscopía, química física y simulación a escala atómica y molecular, donde el físico es imprescindible.
- El tercero es el más explícito de todos. En junio de 2026 se firmó en Washington un memorando de entendimiento entre la República Dominicana y los Estados Unidos para la cooperación en tecnología nuclear con fines pacíficos. El documento abarca medicina nuclear, producción de radioisótopos para uso médico, investigación científica y —cito el texto oficial— la formación de talento especializado (Ministerio de Energía y Minas, 2026b). Y el memorando no cae en el vacío. El Gobierno ha manifestado su interés en incorporar la energía nuclear a la matriz de generación eléctrica, en un país que se ha propuesto duplicar el tamaño de su economía en quince años (Ensegundos, 2026), y el Ministerio de Energía y Minas cuenta ya con un viceministro de Energía Nuclear (El Inmobiliario, 2026). Entre las tecnologías en estudio están los pequeños reactores modulares, de entre 250 y 300 megavatios (Ministerio de Energía y Minas, 2026b). El ministro ha sido cuidadoso: todavía no hay una decisión de construir una planta, sino una tecnología que debe conocerse y evaluarse a largo plazo. Pero al explicar qué exige esa evaluación, habló de la necesidad de formar físicos médicos, investigadores, ingenieros y técnicos especializados (Bonilla, 2026). Un reactor, sea de potencia o de investigación, no se opera sin físicos, y quienes lo operen dentro de quince años tienen que empezar a formarse ahora. Algunos ya empezaron: en noviembre de 2025, la investigadora del Instituto de Física Mariella Mateo Villanueva completó el Curso de Operadores de Reactores Nucleares de Investigación, cuya fase práctica se realizó en el reactor de investigación RP-10 (Instituto de Física, UASD, 2025b).
Estos tres compromisos requieren un cuerpo de físicos bien capacitados y de alto nivel, pero además una base instalada para formar físicos de manera continua, tanto para el sector empresarial como para la academia. Si el país no quiere ser solo un proveedor de materia prima, sino añadir valor agregado a lo que extrae de sus propios recursos, necesita un conjunto de grupos de investigadores en estas áreas de I+D+I, indispensable además para atraer inversión de alta rentabilidad.
En este contexto, el Doctorado en Física debe considerarse prioritario, junto con otros doctorados que deberían iniciarse, como los de química, biología y otras ciencias básicas y aplicadas. Estos programas servirán de sustento a industrias altamente competitivas que requieren una enorme cantidad de conocimiento, tanto en el personal técnico y en los ingenieros que participan en ellas como en el personal científico dedicado a desarrollar nuevo conocimiento para aplicaciones tecnológicas. No puedo enfatizar lo suficiente lo crítico que es esto para pasar de ser un país que ensambla a uno que crea; de un país que solo exporta materia prima a uno que exporta dispositivos con valor agregado a partir de lo que extrae dentro de su territorio.
A esos tres compromisos se suma un cuarto elemento: el Fondo Nacional de Innovación y Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDOCYT) financia hoy, bajo el área de Ciencias Básicas, cuatro líneas de investigación en Física —educativa, aplicada a la industria, médica y biológica, y estadística— (Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, 2026). Es un programa en el que la comunidad de físicos ha estado activa desde el principio y que, a pesar de contar relativamente con pocos fondos, ha servido de soporte a una comunidad científica vibrante.
En fin, el Estado ya decidió cuáles son sus prioridades. Formar a quienes puedan hacerlas realidad es una tarea en la que la universidad pública tiene un lugar natural.
El doctorado está abierto; ahora necesita consolidarse
Abrir el doctorado es el resultado de muchos años de trabajo, sostenerlo es un compromiso a largo plazo. Entre la apertura y la consolidación hay un trecho que muchos programas de la región no han logrado sobrevivir, y no porque se subestimara su importancia ni por falta de buenas intenciones. Los doctorados en ciencias básicas mueren por situaciones muy concretas y poco épicas: un equipo de laboratorio que se daña y nadie repara porque no hay fondos disponible para hacerlo, un investigador que hace de mentor a estudiantes y asesora tesis que se jubila sin relevo, una cohorte que no se vuelve a abrir porque nunca hubo fecha para la siguiente, un presupuesto armado con las categorías equivocadas o una burocracia universitaria diseñada solo para que postgrados con alta demanda sobrevivan.
Celebrar un programa nuevo sin examinarlo es hacer propaganda. Examinarlo es el primer paso para entenderlo y, en consecuencia, permitiría tener los elementos necesarios y suficientes para sostenerlo. Y la pregunta interesante no es si un doctorado en física es importante —en eso debería coincidir todo el mundo—, sino qué tiene que ocurrir para que este llegue a los veinte o cincuenta años con tesis defendidas, egresados trabajando y cohortes entrando con una cadencia predecible, sin que eso sea noticia de portada.
Esa es la pregunta que quiero trabajar en esta serie.
Las siete preguntas
Cada una de las siete entregas restantes responde a una pregunta que, a mi juicio, hay que contestar bien si queremos que este programa funcione.
¿Qué gana la universidad con un doctorado en física? Mientras el programa funcione, la universidad —y con ella el país— gana algo que hoy casi no tiene: personas cuyo trabajo cotidiano es producir conocimiento nuevo en física. En un sistema donde un porcentaje pequeño del profesorado universitario dominicano es de tiempo completo y solo una minoría tiene doctorado, el doctorando es, en la práctica, la única figura dedicada a la investigación (Navarro, 2009). Una universidad con doctorandos no es solo un lugar donde se enseña ciencia: es un lugar donde se produce. La segunda entrega se ocupa de ese cambio, de lo que los doctorandos transforman en la vida científica de la universidad y de lo que hace por su reputación el simple hecho de tener un doctorado que se sabe permanente.
¿Cuántos estudiantes debe tener? Un doctorado en física no se dimensiona con los mismos criterios que otros programas de grado: el factor limitante principal es la capacidad institucional de dirigir tesis doctorales, no la cantidad de aspirantes. La tercera entrega discute qué tamaño de cohorte tiene sentido para un programa así y por qué la regularidad importa más que el número.
¿Cómo es el camino de la licenciatura al doctorado? Formar a un doctor en física toma muchos años, y no todos transcurren estudiando: hay interrupciones, cambios de rumbo y demoras que alargan el trayecto. Al mismo tiempo, la física es una carrera con una fuerte carga vocacional, y por eso muchos de quienes la estudian aspiran, tarde o temprano, al grado doctoral. La cuarta entrega recorre ese camino completo —licenciatura, maestría y doctorado— y examina en qué tramos se pierde tiempo.
¿Qué áreas de la física necesita la República Dominicana? Los planes del Estado que se describieron arriba —semiconductores, minerales críticos, tecnología nuclear— solo son viables si el país desarrolla áreas concretas de la física: física de materiales, física médica, física nuclear, entre otras. La quinta entrega identifica cuáles son esas áreas y explica por qué el Doctorado en Física está especialmente bien posicionado para formar a los especialistas que ellas exigen, es decir, por qué este programa es genuinamente estratégico para el desarrollo nacional.
¿Qué gana el país? Aquí ya no hablamos del doctorando, sino del doctor que egresa. El producto principal de un doctorado son personas, no los artículos ni las patentes. La sexta entrega parte de un caso dominicano que me parece el más claro de todos: la física médica, una función necesaria, que ya se ejerce en el país, que ninguna profesión vecina puede absorber y para la que no existe ruta formativa nacional.
¿Qué tiene que ver esto con la economía? La República Dominicana es un país de ingreso mediano alto (Banco Mundial, 2026) cuya inversión en investigación y desarrollo, según la estimación más citada, apenas llegaba al 0.25 % del PIB (Navarro, 2009), y donde el 40 % de los investigadores está concentrado en tres universidades (Wisky, 2026). La séptima entrega sostiene que ese 0.25 % no es la causa del atraso, sino su síntoma.
¿Cómo se sostiene? La octava y última entrega aborda el tema más importante de la serie y, a la vez, el más difícil de escribir. La economía de un doctorado pequeño es frágil: las cohortes son reducidas, los ingresos apenas cubren los gastos y cualquier error en el presupuesto compromete el funcionamiento del programa. Este asunto merece un examen franco, sobre todo porque en la UASD el postgrado no recibe la prioridad que la universidad sí otorga al nivel de grado. En esa entrega propongo tres cosas: un modelo de sostenibilidad económica construido con instrumentos que existen y son aplicables, un conjunto de criterios para que el propio programa evalúe si avanza como debe, y un análisis de los cambios de costumbres que la Facultad y la universidad en general tendrían que adoptar para que el doctorado perdure.
La próxima semana empezamos por la primera pregunta: qué gana la universidad cuando tiene doctorandos. Mientras tanto, invito a los lectores —especialmente a los colegas de la Escuela de Física y del Instituto, a los estudiantes de posgrado y a quienes toman decisiones en la Facultad— a contrastar lo aquí expuesto con su propia experiencia. Este doctorado lo construimos muchos; sostenerlo también tendrá que ser tarea de muchos.
Soy profesor de la Escuela de Física e investigador del Instituto de Física de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y formé parte del Comité Académico que impulsó el Doctorado en Física. Mi parcialidad, por tanto, es evidente: deseo que este programa prospere, y esa expectativa atraviesa toda la serie. Escribo a título personal, y nada de lo que aquí diga representa la posición institucional de la universidad.
Cómo citar este artículo
Vladimir Pérez. (2026, 24 de septiembre). El país ya necesita doctores en física. Multiverso Académico. https://multiverso.page/post/2026-09-24-el-pa%C3%ADs-ya-necesita-doctores-en-f%C3%ADsica/
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}Referencias
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